miércoles, 29 de abril de 2009

una verdad


La casa era una que yo no concia

Pero en las entrañas sentía que ella me concia a mi

Porque me llevaba a los lugares siguiendo mis necesidades.


Allí estaba mi abuela que ya no esta

Mi padre con hijos que yo nunca vi.

Pero eran y estaban allí

comiendo, bebiendo y aprendiendo lo que el y

Su mujer tenían para darle.

Y de repente un salto hacia la otra orilla de mi soledad


Un hermano que calma

Espera y se impacienta poco

Estaba rasgando yo sus vestiduras de ira, bronca

Y un sin saber que la alucinación nos da.

Una madre

De poca estatura

De pechos prominentes, no tal cual mi otra realidad

A la que de sus camisas zamarreaba y a los gritos de

Prostituta la dejaba al suelo roer.

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