La casa era una que yo no concia
Pero en las entrañas sentía que ella me concia a mi
Porque me llevaba a los lugares siguiendo mis necesidades.
Allí estaba mi abuela que ya no esta
Mi padre con hijos que yo nunca vi.
Pero eran y estaban allí
comiendo, bebiendo y aprendiendo lo que el y
Su mujer tenían para darle.
Y de repente un salto hacia la otra orilla de mi soledad
Un hermano que calma
Espera y se impacienta poco
Estaba rasgando yo sus vestiduras de ira, bronca
Y un sin saber que la alucinación nos da.
Una madre
De poca estatura
De pechos prominentes, no tal cual mi otra realidad
A la que de sus camisas zamarreaba y a los gritos de
Prostituta la dejaba al suelo roer.

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