miércoles, 14 de febrero de 2007

“S'IL VOUS PLAIT”

Por eso que dejó pasar
Me di media vuelta
Y la mejilla rozó el diluvio del otro lado.
Nadie lo vió.
Su nariz reposó sobre aquel zócalo agujereado
Respiré un aliento mojado,
Sabía a picante
Y eso que su sopa era de maíz.
Con sus brazos de árbol
Y su pecho de mariposa
Quiso arrastrarse hasta la esquina 16
Detrás del cartel posé ante tal espectáculo
Y miré.
Sus ojos de marfil atravesaban la avenida
Hasta el navío que lo aguardaba
Cargamentos ocultos detrás de espesos cajones
Y un mulato con sudor en los hombros
Mecanizaba el sudor.
Me sequé la frente
Y tapando el reflejo del sol
Simulé la caída de serpiente
Que de un coletazo rugió el asfalto.
Transformé la deslizada en un nuevo andar
De frente, de costado, de atrás.
Bamboleante el pelo me quiso ahorcar
Zafé de un puñal
Y el mulato detuvo su máquina
Alzó sus brazos al altar
Como dando la orden a un don capitán.
Se sentó en el muelle del viejo descansar
Y por lo bajo,
Rozando sus pies
Sintió cómo un suspiro ajeno le silbaba su talón de Aquiles.
No quiso mirar,
Ya no era uno,
Lo rodeaban dando giros y en canciones que adormecían su porte.
Yacía ahora junto a nosotros
Indicando cuál barca tomar
Zarpando en largas y estridentes bocinas navieras
Me vi envuelta en un nuevo caminar.
“Hola, ¿que tal, cómo le va?”
y una sonrisa de amplio sombrero asintió las palabras que vinieron a mi boca hablar.
Taco alto, faldas cortas, uñas rojas.
Sostenían el porte de un cigarrillo fumar.
Una a una las cabezas daban vuelta para verla taconear.
Madame, lady, guapa, mademoiselle,
Cada cual con su nómina escondida,
Bebía de su copa la champaña en cristal.
Por entre guiños y reojos susurraba el mulato su cantar,
“S'IL VOUS PLAIT”, y un ademán,
voces, silbidos, risas y muecas detrás de paños
que albergaban fórmulas de aristócratas vivencias, falencias, esencias.
Una a una las armaba y desarticulaba pecho de mariposa,
Detrás de la batea en la que posaba el rico manjar,
Con ciencia de hormiga acumulaba montañas de decires
En idiomas transferibles para su cantar.
En un rato de madrugada agotada de tanto jazz,
me leía la poesía y transpiraba el sudor mulato de garçon por una copa más.
Zarpaba del muelle otro gamulán de polo norte
Embebido de sangre y música
Serpiente y gavilán.
La mano enquistada guardó su cigarrillo
Encorvó su cabellera,
Y sintiendo el aliento mojado en sus pies entumecidos,
Roo.

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