
El amargo sudor de la frente
se le derrama en su rostro fatigado
por la lucha del hacer.
La marcha se le torna una grave melodía
con sopranos, bailarines, músicos y orquestas que estampan su ritmo.
Sus pies como toneles,
dan empuje a las piernas de viejo metal oxidado.
Su cabeza busca entre lombrices
pero sólo emergen los tanques y bombardean su pensar.
Se acuerda de él
y entre sus labios su boca murmura frases inconfesables.
Recrimina su cuerpo y su mente,
que en el intento de ser armoniosa,
el cuerpo danza.
Piensa enceguecida por la música que atraviesa su esqueleto de astronauta
y su mente que instiga.
Se imprime su contramáscara,
y por eso afirma su disfrute perverso
que persuade con discursos
y con sorda escucha.
Allí los trazados,
las diagonales,
las salidas.
se le derrama en su rostro fatigado
por la lucha del hacer.
La marcha se le torna una grave melodía
con sopranos, bailarines, músicos y orquestas que estampan su ritmo.
Sus pies como toneles,
dan empuje a las piernas de viejo metal oxidado.
Su cabeza busca entre lombrices
pero sólo emergen los tanques y bombardean su pensar.
Se acuerda de él
y entre sus labios su boca murmura frases inconfesables.
Recrimina su cuerpo y su mente,
que en el intento de ser armoniosa,
el cuerpo danza.
Piensa enceguecida por la música que atraviesa su esqueleto de astronauta
y su mente que instiga.
Se imprime su contramáscara,
y por eso afirma su disfrute perverso
que persuade con discursos
y con sorda escucha.
Allí los trazados,
las diagonales,
las salidas.

No hay comentarios:
Publicar un comentario